La difusión del patrimonio cultural y su vinculación social



La difusión es una gestión cultural mediadora entre el patrimonio y la sociedad. Gestión porque implica un proceso complejo que abarca documentar, valorar, interpretar, manipular, producir y divulgar no ya el objeto en sí, sino un modelo comprensible y asimilable de dicho objeto en relación con su pasado histórico y su medio presente. Cultural porque se opera con la obra del hombre, tangible e intangible, pasada y presente, que rodea e influye en el ciudadano de hoy hasta ser parte misma de su historia y por tanto de su identidad. Mediadora porque requiere de una técnica y un soporte material independiente del objeto y ajena al sujeto que la recibe.


Caigo en la cuenta de que ha transcurrido más de una década, que ha hecho su entrada en escena la interpretación del patrimonio, la dinamización del patrimonio, la inclusión social, las nuevas tecnologías, conceptualizaciones tales como patrimonio como factor de desarrollo, accesibilidad, sostenibilidad, virtualidad, etc. Por tanto, es momento de plantearse una reelaboración o ampliación de aquella definición.


La Difusión es uno de los tres pilares en los que se sustenta la gestión del patrimonio y su misión es establecer el necesario vínculo entre el Patrimonio y la Sociedad.


En este esquema de la dinámica de la gestión patrimonial observamos las relaciones especiales de la difusión en dicha gestión. Difusión en su doble vertiente de dar, por una parte, accesibilidad al uso y disfrute del patrimonio a la sociedad y, por otra, como una actividad de transferencia de conocimiento. La musealización y la interpretación son las disciplinas para la presentación del patrimonio al público, tanto en su contexto, en un yacimiento arqueológico o centro histórico, por ejemplo, como fuera de su contexto, en un museo o un centro de visitantes. El objetivo fundamental es la concienciación de la sociedad de los conceptos de fragilidad: el patrimonio puede perderse; de pertenencia: el patrimonio es de la sociedad; y de perdurabilidad: el patrimonio debe legarse a las generaciones futuras.


El Patrimonio pertenece y es producto de la sociedad, tanto en su materialización original como en su contextualización actual. Pero no siempre la sociedad es consciente del valor de pertenencia que posee ni del alcance del reconocimiento de todo lo que definimos como Patrimonio. Esta es la clave de la importancia que establecemos en nuestra nueva definición de dicho vínculo, al que nosotros equiparamos con reconocimiento. Es decir, que la misión de la Difusión es establecer un reconocimiento del patrimonio por parte de la sociedad.


Este vínculo implica dotar a la relación patrimonio/sociedad de accesibilidad física e intelectual y de sensibilización frente a los conceptos de fragilidad, perdurabilidad y pertenencia que aquejan al patrimonio.


La eficacia en el vínculo implica un trabajo en forma directa e indirecta con la sociedad:


  • Directa, cuando se gestiona a través de las instituciones del patrimonio: museos, archivos, bibliotecas, centros históricos, yacimientos arqueológicos, espacios naturales protegidos, jardines botánicos, reservas o jardines zoológicos y todos aquellos otros agentes culturales públicos o privados en cuyo trabajo se incluya la gestión del patrimonio natural o cultural.

  • Indirecta, cuando la difusión se incluye en planes o programas de formación y/o divulgación profesional; en la relación con los medios de comunicación social; en programas de promoción e información cultural a nivel general y/o en estrategias turísticas.


Volvamos a establecer, desde otra perspectiva, qué es la difusión: es la actividad que permite convertir al objeto patrimonial en producto patrimonial, a través de un proyecto que integre la interpretación en si, es decir la materialización de la definición conceptual del bien convertido en mensaje apropiable e inteligible, y la transmisión, comprendida como un proceso de identificación y satisfacción de las necesidades del usuario, y que implica un conjunto de actividades destinadas a dar a conocer, valorar y facilitar el acceso a la oferta cultural.


La difusión debe de estar en todo el proceso de gestión, es decir, desde el primer momento en que se obtienen resultados en una investigación sobre un bien patrimonial, éstos deben ser ofrecidos al ciudadano mediante exposiciones, medios de comunicación, visitas, concienciación en distintos ámbitos de la ciudad (asociaciones de vecinos de distintos barrios, colegios, institutos, asociaciones de mayores, etc.). Este proceso de vinculación no debe de cesar hasta que llega el momento de ofrecer terminada la intervención, la puesta en valor, la musealización o la interpretación en donde se brinde una visión holística y asequible a múltiples públicos.


En todo el proceso de gestión deben de abrirse las puertas al ciudadano para que sea testigo y protagonista de lo que está ocurriendo con un bien que le pertenece, por ello debe de tener acceso al estudio histórico-artístico, a la excavación arqueológica o a los resultados e hipótesis que se han obtenido de ella, etc. Fomentar el uso, promocionar su visita, divulgar su valor, concienciar sobre su fragilidad, interesar por su preservación, todo eso organizado, con técnicas adecuadas, con planes bien dotados, con campañas bien organizadas. Se trata de eso e incluye todas esas acciones entre profesionales específicos de nuestra gestión y de otras disciplinas afines.


La difusión implica una serie de acciones y conceptualizaciones que normalmente tienen vida propia, pero que desde mi punto de vista son parte indisoluble de la gestión denominada Difusión: la puesta en valor, la interpretación del patrimonio, el uso público y la incorporación de los bienes culturales en estrategias turísticas y /o de desarrollo local.




Puesta en valor

El primer escollo en el uso de este término consiste en que "puesta en valor" es un galicismo que tiene difícil traducción y, en general, se ha calcado del francés. Buscando una buena traducción al español se duda entre valorar, valorizar, reconocer (el valor de algo) y otras.


Una primera aproximación vinculada al Patrimonio en sí o, mejor planteado, a una operación cultural sobre el bien destinada a la doble estrategia de conservación e interpretación, define la puesta en valor como interpretación + presentación.


La puesta en valor está vinculada con un proyecto, es decir, es una operación espacial para establecer un orden de ese espacio y jerarquizar sus funciones en un “proyecto total” que constituya su adecuación y puesta al día. El proyecto es, sin duda, un instrumento y una metodología de intervención del que se pueden desagregar dos componentes esenciales: el cultural y su formalización. El primero es producto final de un proceso de investigación histórica donde se vincula la historia del bien, la cultura del lugar (locus) y el mensaje que ese bien debe transmitir al visitante, un concepto amplio que implica la comprensión cabal del bien por el usuario y su apropiación intelectual. El segundo componente es la formalización del mensaje operado directamente sobre el bien, instrumentado a partir de la cultura proyectual y trabajando con el espacio: implica diseño, organización, jerarquización de espacios y funciones y conservación.



Valor de uso

Es posible atribuir una buena cantidad de valores diferentes al Patrimonio. En este sentido, podemos determinar algunos de ellos como el valor de uso, el valor material, el valor simbólico, el valor emotivo, el valor social y por cierto, de forma destacada, el valor educativo.


Es imposible la existencia de una cultura sin patrimonio y una sociedad sin memoria; el valor social convierte al patrimonio del presente en una realidad imprescindible para la comprensión de esas culturas y sociedades y a sí mismas y, también, para permitir su comprensión a generaciones posteriores.


Existe también un valor de la dimensión cotidiana del patrimonio, teniendo en lo cotidiano el sustrato evidente de nuestra memoria social y abono para la memoria y la construcción de nuestra cultura actual. Comportamientos, hábitos, pensamiento, el entorno social como medio de transmisión cultural y de memoria histórica, idea que subyace en forma evidente en nuestra definición de la difusión del patrimonio como gestión cultural mediadora entre el patrimonio y la sociedad.


El Patrimonio constituye un documento excepcional de nuestra memoria histórica y, por ende, clave en la capacidad de construcción de nuestra cultura, en la medida que nos posibilita verificar acumuladamente las actitudes, comportamientos y valores implícitos o adjudicados de la producción cultural a través del tiempo. Junto a estos testimonios de pasadas espiritualidades, recibimos otra serie de documentos procedentes del campo teórico, filosófico, literario, etc. que complementan tal perspectiva de análisis y comprensión.


El conocimiento de la historia posee en sí mismo todos los elementos de los que es parte el proceso de formación de la conciencia que de sí tiene una comunidad. La apropiación de la historia a través de sus testimonios materiales e inmateriales es una labor compleja, en la que se pretende comunicar cómo los objetos, las tradiciones o el paisaje no tienen valor por lo que son, sino por lo que representan (objetos, signos). La valoración de un objeto no radica en su mayor o menor antigüedad y belleza, conceptos meramente subjetivos basados en prejuicios, sino en la medida que nos informa de los aspectos históricos (económicos, sociales, de mentalidad, etc.) de la época que se pretende enseñar. Respecto de los valores, podemos estructurarlos al menos en dos aspectos radicalmente opuestos en el campo del patrimonio: el valor de consumo de los objetos patrimoniales o, por el contrario, el valor que presenta para la identidad cultural de la comunidad o valor de uso.


En el primer caso, el valor de consumo, se consideran prioritarios aquellos bienes que presentan atractivos ya sea por su valor artístico relevante o simplemente por su originalidad, curiosidad o extravagancia. En este caso, la presencia de la población será evaluada positivamente en tanto contribuya a reforzar la imagen pintoresca y será tratada como un objeto de consumo más, o desechable, en tanto no agregue nada especial al carácter del sitio. El tratamiento del patrimonio se inclinará, desde esta perspectiva, a congelar situaciones “valiosas”, para lo cual se propondrán restauraciones o arreglos más o menos escenográficos, que “pongan en valor” los elementos considerados de mayor atracción y por tanto crearán una falsa autenticidad. No pueden admitirse en este caso cambios creativos que pongan el patrimonio al servicio de la población existente. El valor queda directamente relacionado con la productividad económica, con lo que se confunde valor estético y originalidad genuina con extravagancia o decorativismo superficial.


Si, por el contrario, la trascendencia se asocia a la consolidación de la identidad cultural del grupo social, el patrimonio adquirirá valor en función de su capacidad como elemento de identificación y apropiación del entorno inmediato y del paisaje por parte de la comunidad. Las teorías y métodos, tanto para la determinación de los bienes culturales como para su tratamiento, conducirán a operaciones de rescate y conservación más creativas. Los valores por reconocer serán entonces los que hacen referencia a cuestiones relacionadas con las vivencias sociales, con la historia de la comunidad, esto es, al papel que el objeto ha desempeñado en la historia social. Se debe atender también a la lectura que de este patrimonio hace la gente, es decir, la lectura de ese objeto donde el individuo reconoce el hábitat de un determinado grupo sociocultural y, finalmente, a la capacidad para conformar su entorno significativo, a conferir sentido a un fragmento urbano, etc. Si el patrimonio es considerado como apoyo para la memoria social, uno de los valores fundamentales por considerar será la presencia de sus habitantes. Al poner en primer plano la capacidad de identificación y apropiación por parte del grupo social, este grupo pasa a ser considerado como protagonista de cualquier operación que se emprenda: la intervención en el patrimonio tenderá al arraigo y desarrollo de la población, evitando a toda costa su expulsión, o su marginación.


Por otro lado, al considerar a los habitantes como parte fundamental del patrimonio, se compromete al reconocimiento de la necesidad de cambio, de adaptación a nuevas necesidades, nuevos hábitos, transformaciones funcionales, etc. Por eso el congelamiento de situaciones edilicias o urbanas no puede ser la meta de la conservación ni de un proyecto de turismo cultural, se plantea la necesidad de hallar en cada caso la solución que permita el delicado equilibrio entre la preservación de la identidad y los necesarios cambios.




La interpretación del patrimonio (IP)

Los niños han dejado de fabricar o imaginar sus juguetes, los abuelos cuentan ya pocas historias, los museos intentan satisfacer la demanda a través de visitas virtuales, y la compra de libros, discos, vestimenta, e incluso la del supermercado, se realiza simplemente a través de un correo electrónico. Hasta proliferan los casinos virtuales, mientras las web cam ahora va desde la tumba hasta el lecho de amor.


Asimilamos el concepto de progreso a la complejidad de la comunicación, tanto en sofisticación de medios como en gasto de recursos. Pero, por contrapartida, los mensajes se sintetizan hasta hacer desaparecer letras, adjetivos, pronombres personales, ritmos, cadencias y sentido poético al calor de un inmediato SMS.


Frente a un mundo hiperrelacionado, donde la comunicación es permanente, inmediata, invasiva/intrusiva y hasta intimidatoria, de lo que se trata es de estimular el contacto real con los recursos del planeta.


¿Qué lugar ocupan entonces los chamanes, ancianos, cuentacuentos, narradores, fabuladores, juglares y demás especies de comunicadores que contaban historias y compartían el saber y las tradiciones alrededor de un fuego primigenio?


Existen sin dudas otras miles de posibilidades de comunicación que no se encuadran en esta breve, apocalíptica y provocativa descripción inicial. La palabra del Dalai Lama, una canción de protesta, un cartel bien redactado en la jaula de los caimanes, un relato breve en la página cultural de un periódico dominical, una oración sentida y franca, ejemplos muchos de literatura infantil y juvenil, un sabio guía de naturaleza…


Llevamos muchos, muchos años, hablando y trabajando en la necesidad de difundir y comunicar los valores de eso que denominamos patrimonio cultural y natural. Tomando como referencia a Tilden, mencionaremos estas seis sentencias insuperables, escritas en un libro que su autor afirma no pretender ser definitivo, ni poner límites.


  1. Cualquier interpretación que de alguna forma no relacione lo que se muestra o describe con algo que se halle en la personalidad o en la experiencia del visitante, será estéril. Más claro, agua.

  2. La información, tal cual, no es interpretación, la interpretación es revelación basada en información, aunque son cosas completamente diferentes. Sin embargo toda interpretación incluye información. Por justificar mi texto agrego, frente a mi audiencia expreso “esto es un lagar”, pero en lugar de eso podría decir ¿quién sabe cómo es el sitio donde se pisa la uva o se exprime la oliva? o muchos de ustedes saben que el vino puede exprimirse pisando descalzo la uva, ¿saben como se llama ese lugar?

  3. La interpretación es un arte que combina otras muchas artes, sin importar que los materiales que se presenten sean científicos, históricos o arquitectónicos. Cualquier arte se puede enseñar en cierta forma. Tal vez cambie su ropa para dirigirse a la audiencia, cuente una historia graciosa o se guarde ostensiblemente un paquete de patatas en el bolsillo para tirarlo luego en un cesto. También se puede asistir a cursos de entrenamiento para mejorar las presentaciones.

  4. El objetivo principal de la interpretación no es la instrucción sino la provocación. ¿Qué resulta más fácil, por ejemplo con un niño, decirle la importancia fundamental que tienen las proteínas de un alimento o preguntarle quién resulta más fuerte de los que comen toda su comida? Sin exagerar y citando a Merriman “los esfuerzos provocadores captan la atención de la gente y los invitan a una experiencia interpretativa. También estimulan la audiencia a investigar por su propia cuenta, después de terminado el programa”.

  5. La interpretación debe intentar presentar un todo en lugar de una parte, y debe estar dirigida al ser humano en su conjunto, no a un aspecto concreto. Podemos decirle a nuestros visitantes la definición científica de la marisma o bien decirles que el motor que mueve el sistema de las marismas es la luna, para luego explicar todo el proceso.

  6. La interpretación dirigida a los niños (digamos hasta los 12 años) no debe ser una dilución de la presentación a los adultos, sino que debe seguir un enfoque básicamente diferente. Para obtener el máximo provecho, necesitará un programa específico. Sin palabras.


Retomemos el tema de seguir definiendo con más precisión a la IP, para ello utilizo la de Morales en uno de sus últimos escritos. “La interpretación del patrimonio es un proceso creativo de comunicación estratégica, entendido como el ‘arte’ de conectar intelectual y emocionalmente al visitante con los significados del recurso patrimonial visitado”.


¿Qué quiere decir con comunicación estratégica? Que tiene un objetivo que cumplir y es decisivo para el desarrollo de esas conexiones que pretende establecer. Intelectual y emocionalmente.


Los romanos hablaban del genius loci, el espíritu del lugar. Interpretar es hacer evidente ese espíritu del sitio, de una forma holística, valores materiales, simbólicos y de pertenencia en un todo complejo que es mucho más fácil de transmitir orientándonos al total de la persona y no a una de sus partes, provocando sensaciones, o apelando a una presentación emotiva, todo ello con el fin de resultar una experiencia agradable y enriquecedora.


Sobre el concepto de comunicación, Sam Ham observó cuatro características necesarias en la IP: debe ser entretenida; debe ser relevante; debe estar organizada y debe tener un tema. Esto último siempre parece una perogrullada, pero vale esta aclaración sencilla: muchas veces estamos frente a una persona que nos habla intensa y locuazmente, nos eclipsa, pero cuando nos despedimos tenemos la convicción de no saber qué dijo o qué quiso decir. El tema es el punto principal de lo que queremos comunicar acerca de un rasgo del patrimonio.


Ser entretenida es muy claro y relevante también, si nos atenemos al primer principio de Tilden (busca más arriba nuevamente). Cuando dice organizada no se refiere a un problema de horarios, modalidades, normas, etc., sino a la estructura misma de la comunicación y a la facilidad y falta de esfuerzo de nuestra audiencia para captar tal mensaje. Hay límites en la cantidad y organización de temas, y, por ejemplo, los que saben mucho de esto, dicen que cinco es el mayor número de ideas diferentes que podemos utilizar con la certeza de que sean manejadas por nuestros visitantes.



El proceso de interpretación del patrimonio



Creo que lo más interesante por resaltar de estos cuadros es el concepto de conectar tangibles e intangibles. Definamos algunos conceptos:


  • Elementos y atributos tangibles: nos referimos a las propiedades de índole física del rasgo o sitio patrimonial.

  • Elementos intangibles: conceptos y propiedades de índole abstracta que surgen a partir de los atributos tangibles del recurso. Por ejemplo, cálido, cautivador, suave, engañoso. Conceptos universales: son también conceptos abstractos pero de carácter superior o elevado en la valoración que posee el visitante. Por ejemplo, amor, libertad, paz, ideales.

  • Conexión emocional con el visitante: oportunidad que ofrece el texto para producir emociones en el público.

  • Conexión intelectual con el visitante: oportunidad que ofrece el texto para que el público comprenda conceptos e ideas.


Dijimos que la IP es una disciplina que posee una amplia gama de pautas y directrices metodológicas para la comunicación con el público, para la presentación del patrimonio in situ a ese público, y para transmitir un mensaje impactante que, en lo posible, trascienda al mero hecho de la visita. Pero también es un eficaz instrumento de gestión para reducir los impactos negativos e infundir unas actitudes y comportamientos positivos para con el patrimonio (incluido el entorno social). Para ello hay que introducir el concepto de planificación interpretativa.


La disciplina ofrece una técnica para vincular eficazmente al patrimonio y la sociedad, pero para racionalizar su aplicación necesitamos de un proceso de planificación, de forma que la oferta de “servicios interpretativos” sea ordenada y eficaz. Hablamos entonces de una herramienta con una amplia versatilidad que nos permite trabajar en la esfera del turismo cultural, en la difusión del patrimonio en general y en la gestión de poblados y centros históricos, yacimientos o lugares de interés cultural, así como del uso público en espacios naturales protegidos, jardines botánicos y parques zoológicos.


Quizá sea ésta la dimensión de la disciplina menos conocida y con menor inserción práctica en la gestión del patrimonio natural y cultural, pero sin duda es la clave de la relación del público y el patrimonio en el marco de la gestión integral de territorios y equipamientos.


Sus finalidades son amplias y variadas: comunicar el significado del lugar de forma interesante y efectiva, contribuir a la satisfacción de las necesidades del visitante, proteger los recursos, favorecer un buen uso del territorio concentrando o dispersando a los visitantes. La lista se completa con objetivos de índole menos específica, pero no por ello de menor importancia, como intentar mejorar la calidad de vida de los habitantes locales, promover una buena imagen de la institución gestora y producir ahorro de recursos económicos en los presupuestos de gestión y mantenimiento.


Esta planificación, nos precisa Morales en su libro, conduce a la elaboración de las recomendaciones oficiales para la institución que gestiona los recursos y establece las políticas relativas al desarrollo, filosofía y ejecución de los programas interpretativos, relacionando programas, servicios, medios y personal para obtener los fines propuestos.


Sin pretender entrar más en su práctica, sintetizamos a continuación las etapas del proceso de planificación: